Cosas de la vida

23 de junio de 2011, día antes, día después… acabó una etapa laboral muy importante de mi vida. Dejaba la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales de Castilla-La Mancha después de años de intenso trabajo al lado de grandes compañeros y grandes personas.

De todos aprendí mucho, sobre todo, de Fernando Lamata,  un gran referente para mí no solo a nivel profesional sino también humano y personal.

Tras mi marcha no había vuelto a la Consejería y justo seis años después, el 23 de junio de 2017, volví a pisar su salón de actos para el acto de graduación de mi hija Nora. La vida tiene estas cosas.

A mi cabeza vinieron muchos momentos vividos bajo esas cuatro paredes y confluyeron el pasado y el presente llenando de mucha emotividad el momento. Mi hija ya me ha conocido «haciendo noticias solo de enfermeras», como ella dice, pero no hace tanto las hacía de todo un servicio de salud.

La vida pasa  y poco permanece. Los edificios y el recuerdo de lo vivido.

Por cierto, grandes compañeros y grandes personas siguen trabajando  en el mismo edificio de la Avenida de Francia, número 4 ,de Toledo.

 

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¿Quien friega los platos?

Cocinar, fregar los platos, limpiar la casa, hacer la compra… Todas ellas son tareas que han sido tradicionalmente ejercidas por las mujeres y que podía dar la impresión de que ya son compartidas en igualdad con los hombres.
La tozuda realidad nos dice que seguimos muy lejos de la igualdad de sexos, ya que, según el ultimo estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), solo dos de cada diez hombres comparten estas labores cotidianas del hogar con su pareja .
Al parecer, ellos se dedican más a lo que el CIS llama «pequeñas reparaciones de la casa», es decir, cambiar una bombilla, ajustar el pomo de la puerta, colgar un cuadro…
Lo que está claro es que hay cosas que apenas han cambiado por muchos años que pasen y nos creamos más avanzados que nuestros antepasados.
Nuestros padres, sus padres, nosotros mismos… Ninguno estamos haciendo bien nuestros “deberes” y seguimos fallando a la hora de inculcar entre los más pequeños la equiparación de roles independientemente del género que a cada uno nos viene «de serie».
Y no es tanto hablar de que a todos por igual nos toca echar una mano para que la casa sea un lugar de convivencia armónica sino cundir con el ejemplo.
Las buenas palabras tienen corto recorrido sino van acompañadas con los actos que reafirman su valor.
¿Habrán cambiado realmente las cosas en 25 años? En nuestra mano está. No en la del CIS.

Bye, bye teléfono de empresa

!Qué oyen mis oídos! Escucho en la radio que, al parecer, el  Gobierno está estudiando la posibilidad de aprobar una regulación que reconozca el derecho de los trabajadores a la desconexión laboral de su empresa.

O lo que es lo mismo, no tener porqué contestar o hacer llamadas de trabajo cuando uno se encuentra ya en el centro comercial de turno, carrito en mano, y con la pareja quejándose a tu lado con aquello de “ni el sábado haces caso a tu familia”.

Salvo para los “workalcoholic”, la noticia promete, aunque mucho me temo que se quedará en uno de esos “globos sonda” que tanto gusta soltar a los residentes de las azoteas políticas.

Como aquello de que se estaba estudiando  acabar antes la jornada laboral, para poder conciliar mejor la vida profesional con la personal, al igual que ya hacen todos los  países de nuestro entorno.

O lo que es lo mismo, no llegar a casa cuando los niños están bañados, cenados y rumbo a la cama, si no están ya en el quinto sueño, y que tu pareja te diga una vez más aquello de “entre semana no haces caso a tu familia”.

Lo de las leyes está muy bien, sobre todo si finalmente se aprueban, pero lo realmente importante es que  empresas y trabajadores realmente se crean que el cambio es posible y necesario y busquen la eficiencia en el desempeño laboral sin que suponga un perjuicio personal y/o familiar.

O lo que es lo mismo, que tu jefe no te ponga mala cara y te diga aquello de «como tú hay muchos más en la cola del paro» cuando no has contestado a su llamada al encontrarte en el centro comercial, con carrito y familia incluida, y que uno no se lleve el móvil hasta el cuarto de baño porque hasta puede acabar y todo chapoteando en el retrete.