¿Lo correcto?

¿Qué haces cuando colaboras con una ONG y te enteras de que trabajadores de la misma gastaron dinero tuyo, aunque sea en una infinitesimal parte, para contratar prostitutas mientras supuestamente estaban desempeñando una labor humanitaria en un país asolado por un fuerte terremoto?

Lo primero, lógicamente, es echarte las manos en la cabeza y constatar algo que tu subconsciente sabe pero tu consciente no quiere saber. Personas, buenas, malas y regulares, hay en todos los sitios y también, como no, en organizaciones o instituciones cuyo objetivo es ayudar a los más desfavorecidos.

Una vez asumes lo que ya sabías, el siguiente pensamiento que se te viene a la cabeza es aquel de la “punta del iceberg” o, lo que es lo mismo, decirte a ti mismo aquello de “si no es hemos enterado de esto, todo lo que habrá más y que desconocemos”.

Al mismo tiempo, piensas en los miles de cooperantes que dedican su vida a ayudar a los demás en condiciones  más que penosas y que no se merecen que las pueriles prácticas de unos pocos repercutan negativamente en su labor.

También quieres pensar que si la ONG ocultó a la opinión publica lo que sucedió es porque era consciente de que el descredito que iba a conllevar supondría menos donaciones y, por tanto, menos financiación para esas admirables personas y sus proyectos.

Sabes, piensas, quieres pensar… analizas los pros y los contras y, al final, tomas una decisión. ¿La correcta? Nunca lo sabrás, pero es la que te vale para seguir adelante y pensar que merece la pena seguir confiando en los demás.

 

 

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659

Ecuador fue sacudido por un devastador terremoto hace unos días. Con él, 659 personas perdieron su vida y miles resultaron heridas.

Como todas, cifras frías y sin alma que oímos machaconamente durante algunos días en radios y televisiones, y luego olvidamos para preocuparnos por la “normalidad” de nuestros problemas del día a día.

Ancianos y niños llorando, madres sin hijos, casas destruidas y pueblos olvidados. Instantáneas “fugaces” que no suelen almacenarse en el disco duro de nuestros pensamientos.

Las imágenes de Ecuador me traen a la memoria las de otras tragedias pasadas. Algunas motivadas por la ira de la naturaleza y otras por la de las personas.

Seres, los humanos, supuestamente lógicos y  racionales, que, en ocasiones, parecemos mucho más interesados en derribar la casa que nos da calor y protección a todos, sin pensar que otras generaciones tendrán también que tener un lugar donde cobijarse .

Después de la tragedia volvemos a escuchar palabras como esperanza, reconstrucción o renacimiento de un país, pero también otras como retrasos, incapacidad, desconfianza… la cara y la cruz de una moneda tirada al aire que no ha llegado aún a ninguna mano protectora.

El seísmo de Ecuador me ha recordado que la vida es ayer y hoy, pero no sabemos si mañana. Una verdad que debería servirnos a todos para construir, en lugar de destruir, sumar y no restar y, en definitiva…respetar lo que nos une y querer lo que nos hace mejores.