Ojalá yo fuera y tuviera

Leo una reciente noticia sobre un nuevo estudio que concluye que los adolescentes y jóvenes de hoy en día son menos felices que los de hace tan solo unos años.

A juicio de sus autores, la causa de tal “infelicidad” podría estar en el uso de los telefónos móviles y las redes sociales.

Lo argumentan diciendo que este descenso se ha registrado en los años posteriores a la generalización entre los “millennials” de los smartphones y su presencia cada vez mayor en las redes.

Sin rechazar los efectos beneficiosos del uso de estas nuevas tecnologías, que los hay, comparto la impresión de que esté también generando cierto sentimiento de frustración e insatisfacción entre ellas y ellos.

Primero, por aquello de querer tener cuanto antes el móvil de turno, con la siempre justificada razón de que “todos mis amigos y compañeros de clase ya lo tienen” y, después, una vez con él en sus manos, por entrar en un mundo de comparaciones continúas con personas de cualquier lugar cuya vida siempre parece que es mejor que la de uno.

Modelos, cantantes, actores, amigos, conocidos, personas anónimas por doquier… que muestran siempre su “lado bueno” delante de la cámara, y que pueden llegar a generar en la mente del joven aquello de “ojala yo fuera así, ojalá tuviera lo que tiene él”.

Si los tiros van por ahí la solución se antoja complicada porque a estas alturas del partido a ver quien le dice al niño que va a ser la “oveja negra” de clase”.

Aedes Aegypti

Aedes, de apellido Aegypti. Así se llama el mosquito transmisor del nuevo virus que está causando verdadera conmoción en gran parte de América. No es para menos, el virus en cuestión, conocido como Zika, es el casi seguro causante de una malformación cerebral en bebés que ya ha afectado a miles de mujeres embarazadas.

Lamentablemente, cuando parece que hemos superado una crisis sanitaria aparece otra nueva que vuelve a poner en jaque a toda la comunidad internacional en el ámbito de la salud. Hace escasas semanas conocíamos que el último brote del ébola estaba prácticamente erradicado en África y ahora vemos en las noticias los efectos de este nuevo virus.

Lo cierto y verdad es que por mucho que la humanidad avance en la prevención, control y, en algunos casos, erradicación de enfermedades, da la impresión que los virus siempre van por delante, afectando principalmente a aquellas zonas del planeta más pobres y, como consecuencia, con sistemas sanitarios más débiles y deficitarios.

En situaciones de crisis siempre oímos muchas voces que insisten en la importancia de invertir en los servicios sanitarios de todas estas zonas del mundo (más formación, más recursos, más profesionales…) y diferentes organismos internacionales y gobiernos de todo tipo se comprometen a hacer un mayor esfuerzo en este sentido.

Palabras que no siempre se traducen en hechos volviendo a dejar a numerosas poblaciones en una situación de clara indefensión ante este tipo de pandemias. Mucho me temo que la historia se repetirá con el virus Zika y con el siguiente y posterior… y es que el hombre, además de ser el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, parece ser el único que no sabe o no quiere aprender de los errores pasados.