Reloj, no marques las horas

Por mucho que nos empeñemos, el reloj siempre marca las horas y, lo que es peor , los años, y si uno hace ya un tiempo que superó la barrera de los 40 se da cuenta de que la vida se caracteriza por las “sustituciones”. Ahí van unas cuentas:

  • Has sustituido las salidas nocturnas de todos los fines de semana con los amigos (cena y copas) por salidas diurnas (cañas y cañas) cada dos meses.
  • Has sustituido las gominas o espumas fijadoras por los champús anticaida y/o el minoxidil
  • Has sustituido los conciertos de los grupos de moda según Rockopop por los conciertos de “Yo fuí a EGB”
  • Has sustituido las hamburguesas de Burger King por las hamburguesas de Foster Hollywood
  • has sustituido las bodas de tus amigos por los bautizos y/o comuniones de los hijos de tus amigos
  • Has sustituido llamar por teléfono a tus amigos por su cumpleaños por felicitar por whahsapp a los susodichos
  • Has sustituido la búsqueda del amor de tu vida por las broncas (siempre reconducibles) con el amor de tu vida.
  • Has sustituido las noches de cine para ver las ultimas nominadas a mejor película en los Oscar por tardes de cine para ver la última nominada a la mejor película de animación en los Oscar.
  • Has sustituido la comida basura por la comida Zero, light y Bio.

Y mientras uno siga pudiendo sustituir cosas por otras, ni tan mal, oye…

Porrompom pom…

¿Pero ya, seguro que ya? Si fue casi ayer cuando estaba dando el paseo de rigor con el helado de rigor en mi destino vacacional de rigor.

¿Ya es Navidad otra vez? Pues va a ser que sí y, además, como tiene que ser, como la foto que ilustra este post, con la familia reunida, feliz y en torno al árbol de adornos multicolor…

Hombre, luego están esos problemillas de toda índole  que no desaparecen por mucho que queramos con el nuevo año, el cuñado/a y/o suegro/a que tampoco es que nos empiece a caer repentinamente bien,  o los enfados infantiles porque “Santa no me ha traído lo que quería” a pesar de haberlo intentado el pobre hombre con la muñeca o coche de carreras de última moda.

También están los empachos y las copas de más, los “atascos” para ver Cortylandia, la alegría a raudales de los afortunados que, cava en mano, están festejando el  pellizquito del Gordo que les ha tocado para “tapar huecos” mientras que a uno ni pellizquito ni na de na, el especial Telepasión en TVE, el concierto de Año Nuevo de Raphael, Bisbal o Alborán…

Todas esas cosas que la familia de la foto, los influencers en Instagram o los protagonistas de las películas de Divinity no sufren pero de las que no escapamos el resto de los mortales, por mucho que nos lo propongamos los días previos al 25 de diciembre.

Pero oye, y lo que nos gusta, pese a todo, esto de las Navidades. Además, siempre tenemos la ilusión de que nos toque algo en el Sorteo del Niño, ¿no?

 

 

 

La vida son dos días

Desde abril que no me asomo a esta ventana y  vaya si han pasado cosas  en estos dos últimos meses. Por de pronto voy a tener que cambiar el collage de imágenes que preside el blog porque hay un señor en una de ellas que ha pasado, sino a mejor vida, a una más tranquila seguro.

Su nombre es Mariano y ahora es registrador de la propiedad en Santa Pola (Alicante). Vaya por Dios, vende mi madre un apartamentito en dicha localidad en mayo y en junio se muda él allí. Vamos, que me quedo sin verlo en bañador paseando por sus playas algún día de este verano.

Que cierto es aquello de que la vida son solo dos días, uno estás arriba y otro estás abajo… Hace poco más de un mes este señor y millones de españoles, entre los que me incluyo, no pensabamos que se podía cambiar de Gobierno como quien cambia de un desodorante Deliplus de Mercadona.

Y no lo pensabamos porque en este país estamos tan acostumbrados a aguantar carros y carretas que el hecho de que el presidente del Gobierno faltase a la verdad en su testimonio ante un juez sobre algo tan alejado a su persona como la financiación irregular del partido que preside, tampoco nos parecía algo tan del otro mundo.

Claro que por no pensar no pensabamos tampoco que un señor que hace dos años fue “invitado” a dejar la presidencia de su partido, iba a volver a dirigir el mismo y un poco más tarde los designios de este país.

Si es que la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…

 

 

El ojo, la bala

Donde pongo el ojo pongo la bala… Viene a mi cabeza esta frase que imagino haber escuchado por primera vez en un spaghetti western de los 70 cuando reflexiono sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en la grave crisis institucional, política y social que se vive en nuestro país a raíz del deseo de una parte del pueblo catalán de independizarse del Estado español.

Y me ha venido a la cabeza al entender que los ‘mass media’ tienen un papel decisivo a la hora de formar opiniones y conductas entre el “común de los mortales”.

Si durante meses y meses se reiteran según qué mensajes y se pone siempre el foco mediático en un asunto, lo normal es que se creen bandos de opinión cada vez menos transigentes los unos con respecto a los otros.

Ocurre eso y también que otros muchos asuntos y problemas que nos afectan en nuestro día a día y que realmente condicionan nuestra calidad de vida no se difundan. Recortes en sanidad, educación,  servicios sociales… que más dan ya.

Si hoy vivimos la situación que vivimos con respecto al presente y futuro de Cataluña es porque los medios de comunicación así lo han propiciado… no solo, pero también.

Y hablo de medios de comunicación siendo muy consciente de que detrás de cada televisión, radio o periódico hay un interés económico y político que “mueve los hilos”. Lo que se difunde y cómo se difunde no es gratuito.

De una manera u otra, todos ellos han puesto el ojo, y también la bala (metafóricamente hablando) en Cataluña.

El resultado, lamentablemente, todos lo conocemos.

Bendito cole

Las bicicletas serán para el verano pero los niños no. Me explico, claro que a los peques de la casa les encanta estar de vacaciones, dejar la mochila y los libros abandonados en un rincón de la habitación e intentar hacerse con el mando de la tele para evitar que, por un casual, alguien ose cambiar de canal y quitar Disney Channel o Clan TVE.

A los que no les hace tanta gracia la continua, constante y duradera presencia de los críos en el nido familiar durante los meses estivales es a sus progenitores. Hablaré en primera persona para que sea a mí al que se tache de mal padre pero creo que somos la práctica mayoría los que estamos deseando que llegue septiembre para que los niños vuelvan a las aulas y vuelva también algo de tranquilidad a nuestras vidas.

Las primeras semanas todo va sobre ruedas. Están muy contentos, se entretienen con casi cualquier cosa y hasta hacen el libro de actividades de turno. La cosa empieza a torcerse cuando ya han jugado con todos y cada uno de sus juguetes, se han bañado y rebañado hasta que sus deditos no pueden arrugarse más y se han dado cuenta de que, aunque se han  comprado 100 veces el mismo helado,  nunca les saldrá la etiqueta de ’enhorabuena, has conseguido otro gratis’

Es entonces cuando las quejas, discusiones y el “no porque no” se convierten en la rutina del día a día. Ya nada les apetece, gusta o parece bien y no saben qué hacer con su vida.

Los padres, por su parte, cada vez tienen menos paciencia y las ganas de jugar a cualquier cosa en cualquier momento se va perdiendo de la misma manera que el bronceado conseguido en los días de vacaciones en la playa.

Así las cosas, la última semana de agosto y los primeros días de septiembre son casi, casi un “calvario” para ambas partes. Lo que vendría a ser ver completo y del tirón el primer Pleno en el Congreso de los Diputados tras el parón estival.

Solución. Vuelta al cole, reencuentro con los amigos y nuevas ocupaciones para que los niños “reajusten” costumbres, horarios y rutinas.

Todos, los padres primero, lo agradeceremos.

¿Quien friega los platos?

Cocinar, fregar los platos, limpiar la casa, hacer la compra… Todas ellas son tareas que han sido tradicionalmente ejercidas por las mujeres y que podía dar la impresión de que ya son compartidas en igualdad con los hombres.
La tozuda realidad nos dice que seguimos muy lejos de la igualdad de sexos, ya que, según el ultimo estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), solo dos de cada diez hombres comparten estas labores cotidianas del hogar con su pareja .
Al parecer, ellos se dedican más a lo que el CIS llama “pequeñas reparaciones de la casa”, es decir, cambiar una bombilla, ajustar el pomo de la puerta, colgar un cuadro…
Lo que está claro es que hay cosas que apenas han cambiado por muchos años que pasen y nos creamos más avanzados que nuestros antepasados.
Nuestros padres, sus padres, nosotros mismos… Ninguno estamos haciendo bien nuestros “deberes” y seguimos fallando a la hora de inculcar entre los más pequeños la equiparación de roles independientemente del género que a cada uno nos viene “de serie”.
Y no es tanto hablar de que a todos por igual nos toca echar una mano para que la casa sea un lugar de convivencia armónica sino cundir con el ejemplo.
Las buenas palabras tienen corto recorrido sino van acompañadas con los actos que reafirman su valor.
¿Habrán cambiado realmente las cosas en 25 años? En nuestra mano está. No en la del CIS.

¿Resistiré?

Me resisto. Cada vez me cuesta más, lo reconozco, pero, por el momento, soy de la especie “pater progenitorum” que NO deja a sus hijos pequeños el móvil en las comidas fuera de casa.

Ojo, cada padre hace lo que estima más adecuado y no seré yo el que imponga doctrina al respecto. Es más, no descarto que en unos meses me suba al carro y mis retoños disfruten de una sesión continua de ‘Pow Patrol’ o ‘Lady Bug’ mientras servidor y señora degustamos del plato de turno sin oír machaconamente frases como “me aburro”, “no quiero comer”, “mi hermano me ha cogido el tenedor”, ¿me puedo levantar?”…

Cuando empiezo a flaquear recuerdo a los padres de antaño y pienso que si ellos sobrevivieron a este tipo de entuertos, teniendo en cuenta que lo eran además de muchos más hijos, los actuales también podemos.

También hay que ponerse algo farruco con el uso indiscriminado de aplicaciones “mágicas” como Youtube Kids y sus cientos de videos de niños y mayores abriendo huevos con regalos sorpresa y /o jugando a las princesas Disney. En esto, como en todo en esta vida, habría que recordar aquello de Aristóteles de que “en el término medio está la virtud”.

Que las nuevas tecnologías están para quedarse está claro y que de ellas podemos beneficiarnos y aprender mucho también, pero a más de uno nos hubiera encantado que viniesen acompañadas con un manual de instrucciones para padres ‘pre-millenials’.