Cualquier verano pasado fue mejor

Llega julio y como animales de costumbres que somos nos disponemos todos a desempolvar las maletas del trastero para empezar a llenarlas con bañadores, bikinis y trikinis por doquier.
También nos puede ir más el turismo rural y de montaña y tirar más de mochila, navaja multiusos y cantimplora.
Lo que está claro es que todos estamos deseando escapar del jefe y la rutina y gastarnos los pocos o muchos cuartos de los que dispongamos en excursiones, chiringuitos y parques acuáticos.
Nos enfadaremos un año más por las caravanas interminables, las largas colas para comprar el helado de tutti frutti o por el señor que baja a las siete de la mañana a la playa para plantar su sombrilla en primera línea de ola.
Todo esto ya lo sabemos pero, como dice el refrán, “sarna con gusto no pica”, y menos con un ventilador y sombrilla de por medio.
También echarán humo nuestros teléfonos móviles por los cientos de fotos y selfies que nos haremos a todas horas, con o sin razón.
Haciendo el castillo de arena, contemplando no se qué flor en el campo, con los niños, sin los niños, con los suegros, sin los suegros, en bañador, con ropa de paseo vespertino…
Cientos y cientos de imágenes que mermarán la memoria del dispositivo móvil en cuestión pero que nos recordarán que cualquier verano pasado fue mejor, o, al menos, nos pilló más jóvenes y con menos barriga.

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Vuelve a Toledo

Julio de 1997. Como es costumbre en Toledo, un sol inclemente achicharraba a un multitudinario grupo de periodistas de la capital y de fuera de sus fronteras mientras esperaban con sufrida resignación que ella se animará a dedicarles unas palabras durante su visita a la ciudad.

Un servidor era uno de ellos. Parapetado junto a la entrada del Palacio de Fuensalida, sede de la Presidencia de Castilla-La Mancha, parecía un personaje más sacado  de aquella genial película de Berlanga, “Bienvenido Mister Marshall”.

Se hizo algo de rogar, pero finalmente hizo acto de presencia flanqueada por un grupo de hombretones con pinganillo en la oreja, que riete tú de Kevin Costner en “El guardaespaldas”.

Con sonrisa y look al más puro estilo “american way of life”, parecía relajada y muy en su papel de “señora de de”. Me imagino que en su cabeza ella ya tenía muy claro que lo de mujer consorte era una parada obligatoria en su camino hasta llegar al verdadero destino que deseaba.

Se fue de Toledo encantada con la ciudad y su gentes y prometiendo volver con más tiempo. Desde aquel momento hasta ahora, tiempo lo que se dice tiempo libre no ha debido tener mucho y seguro que ella esperaba tener menos si cabe durante los próximos cuatro años.

El problema, para ella, es que, al parecer, la clase media blanca de su país sí que estaba por la labor de que pudiese volver a Toledo y ha decidido que se tome la vida de forma más relajada y pueda empezar a disfrutar de pequeños placeres como un buen plato de carcamusas  o de perdiz escabechada.

Estimada Hillary, tú no me recordarás, pero quiero decirte que siento mucho que el señor de pelo fosco y oxigenado te haya dejado “compuesta y sin novio”, y  que no hayas podido romper el techo de cristal en EE.UU. Que sepas que cuentas con otro en el que cobijarte si te animas a volver a Toledo.

Nota I: Si alguien esperaba un análisis serio y concienzudo sobre la derrota de  la ex primera dama  a manos del señor del pelo fosco y oxigenado le puedo aconsejar alguno de los miles de artículos publicados hasta la fecha por periodistas y expertos que, al menos según ellos, saben muy bien de lo que hablan.

Nota II: Mensaje para Melania: “Me da a mí que no se te va a pasar a tí por la cabeza, pero mejor no lo intentes. No da resultado”.

 

Los 10 mandamientos del verano

El verano ya llegó y  todos hemos oído hablar de los 10 mandamientos estivales. No se sabe muy bien si están aprobados por la Curia de Roma, pero lo que si sabe es que, si así fuera, los confesionarios de todo el país estarían llenos porque a la hora de cumplirlos los españoles somos muy poco disciplinados. Hagamos memoria y de paso propósito de enmienda…

1.- No te desplazarás a tu lugar de vacaciones los días donde se espera mayor tráfico de coches para no pasar horas y horas escuchando quejarse a mujer, niños, suegra y demás posibles acompañantes.

2.-No dejarás para el último día lo de leer la letra pequeña del contrato de alquiler del piso para no encontrarte conviviendo con otra familia que tampoco lo leyó.

3.-  No harás oídos sordos a las cientos de noticias que te dicen que hay que echarse crema solar con un alto factor de protección e irás a la playa y/o piscina a primera hora del día o por la tarde, para evitar los momentos más peligrosos de exposición al sol.

4.- No te pelearás con tu vecina de toalla porque la haya colocado un centímetro más cerca del agua que tú.

5.-No te empeñarás en comer en el chiringuito de al lado de la playa cuando más gente hay y más tiempo tardan en servirte el tan ansiado pescaito y/o paellita marinera.

6.- No comprarás más de dos helados diarios al niño, por mucho que insista, si no quieres que le duela la tripa toda la noche.

7.- No irás más de dos veces a la semana al buffet libre por 9 euros de al lado del hotel.

8.- No llevarás más de tres latas de sardinas y dos de aceitunas para el aperitivo playero.

9.- No cargarás con recuerdos, del tipo imanes, llaveros y bolas de nieve, que acaban en el fondo del armarito del cuarto de estar.

10.- No tropezarás dos veces con la misma piedra. Si a la ida te pilló el atasco… para la vuelta, ¡madruga, por  Dios, madruga!