Bye, bye teléfono de empresa

!Qué oyen mis oídos! Escucho en la radio que, al parecer, el  Gobierno está estudiando la posibilidad de aprobar una regulación que reconozca el derecho de los trabajadores a la desconexión laboral de su empresa.

O lo que es lo mismo, no tener porqué contestar o hacer llamadas de trabajo cuando uno se encuentra ya en el centro comercial de turno, carrito en mano, y con la pareja quejándose a tu lado con aquello de “ni el sábado haces caso a tu familia”.

Salvo para los “workalcoholic”, la noticia promete, aunque mucho me temo que se quedará en uno de esos “globos sonda” que tanto gusta soltar a los residentes de las azoteas políticas.

Como aquello de que se estaba estudiando  acabar antes la jornada laboral, para poder conciliar mejor la vida profesional con la personal, al igual que ya hacen todos los  países de nuestro entorno.

O lo que es lo mismo, no llegar a casa cuando los niños están bañados, cenados y rumbo a la cama, si no están ya en el quinto sueño, y que tu pareja te diga una vez más aquello de “entre semana no haces caso a tu familia”.

Lo de las leyes está muy bien, sobre todo si finalmente se aprueban, pero lo realmente importante es que  empresas y trabajadores realmente se crean que el cambio es posible y necesario y busquen la eficiencia en el desempeño laboral sin que suponga un perjuicio personal y/o familiar.

O lo que es lo mismo, que tu jefe no te ponga mala cara y te diga aquello de “como tú hay muchos más en la cola del paro” cuando no has contestado a su llamada al encontrarte en el centro comercial, con carrito y familia incluida, y que uno no se lleve el móvil hasta el cuarto de baño porque hasta puede acabar y todo chapoteando en el retrete.

 

Donald, no el pato

El tiempo pasa que es una barbaridad. Hace nada y menos que empezabamos a escuchar en los medios de comunicación que un señor muy millonario y muy bronco se postulaba como candidato a suceder a Barack Obama desde las filas republicanas.

Sí, ese que nos sonaba por su afición a las señoras rubias, haber salido en “El príncipe de Bel Air” y  financiar el concurso de Miss América durante varios años.

Parece que fue ayer y ya ha superado los testimoniales 100 primeros días como presidente de la primera potencia mundial, lo que viene a ser, presidente un poco de todos. Y la verdad que es de los que sabe aprovechar su tiempo.

A golpe de tuit ya ha prohibido la entrada al país a miles de personas procedentes de países musulmanes, ha ordenado construir un muro con México que ríete tú de la gran  muralla china,  ha cabreado a sus supuestos socios de la Unión Europea,  y ha puesto a caldo a los medios de comunicación,  pasando por sus propios servicios de inteligencia.

Cuando muchas de sus supuestas ocurrencias las vociferaba en los mítines electorales aún pensábamos muchos que se diluirían como un azucarillo en el café si ganaba Hillary Clinton la carrera hasta el despacho oval. Pobres de nosotros, qué ilusos, el señor del pelo oxigenado se hizo finalmente con el triunfo y gobierna ya a 320 millones de estadounidenses.

El mandato de Donald Trump acaba de empezar y todo parece indicar que seguiremos despertándonos con el sobresalto en el cuerpo. Tiempos muy complejos y convulsos los que nos esperan a todos porque, no lo olvidemos, el estornudo de América es el resfriado del resto del mundo.