De resaca… navideña

Si el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, el nacido o residente en España seguro que sube la media y con creces. Y si no, que levante la mano el que, pese a haber asegurado en años anteriores que no lo volvería a hacer, se ha pasado tres pueblos estas Navidades con el marisco y el cochinillo, el turrón y los polvorones o con el cava y la copita de después.

Ahora, ya en plena cuesta de enero, volvemos la vista atrás y constatamos que hemos cometido, un año más, los excesos propios de las fechas navideñas. El que no ha sido posible, y mira que lo sentimos, es el de descorchar botellas por doquier frente a la administración de lotería agraciada con el Gordo.

Y es que también es muy cierto aquello de que somos animales de costumbres y si desde pequeñitos nos dicen que el 31 de diciembre hay que comerse 12 uvas, te gusten o no, o que si te portas bien un señor gordo con barba blanca y/o tres señores, con sus respectivos camellos, te traerán varios regalos, pues tú, “a comer y callar”

¿Qué sería de nosotros, además, sin los especiales de Nochevieja de la 1, donde artistas, presentadores y público presente, rebosan alegría y felicidad a lo largo de varias horas, además de estar cargados de buenos deseos para el nuevo año?

Los que también están encantados con el “frenesí” navideño son los comercios de toda índole que ven como sus ventas se disparan en pocos días y pueden hacer su particular agosto desde ya mediados de noviembre cuando te dicen aquello de “vuelve, a casa vuelve por  Navidad”, y si lo haces con los correspondientes paquetes de regalo bajo el brazo, mejor que mejor.

Así somos o así nos hace ser la Navidad. Consumistas, excesivos, previsibles, influenciables… Lo somos y lo seremos porque el año que viene, nos pongamos como nos pongamos, volveremos a la carga. Y es que, ¿a quién le amarga un dulce?

Lo que el aburrimiento se llevo…

Lo prometido es deuda. Si hace unos días destacaba aquellas series que me habían gustado tanto como a Mariah Carey un playback en Nochevieja o a Robbie Williams un apretón de manos con sus fans (la actualidad manda), ahora dedico unas líneas a aquellas que llegaron para no volver… a mi vida seriefila se entiende.

Quantico.   Recuerdo ver el trailer meses antes de su estreno y decirme a mí mismo “lo tiene todo”, FBI, conspiraciones varias, ataques terroristas, bellezón como prota… Y sí, de todo tiene, pero a batiburrillo, mal hilado y metido a cajón en muchas ocasiones. Llegué como pude hasta la mid season y no quise saber más nada de Alex Parrish y compañía.

Homeland. Lo mío con esta serie es como deshojar una margarita. Una temporada me gusta, otra no me gusta, una me gusta, otra no me gusta… Para ser exactos, las dos primeras me encantaron, la tercera me aburrió, la cuarta me volvió a interesar y la última, la quinta, me defraudó. Buen arranque, trama de absoluta actualidad, Claire Danes sembrada como siempre, pero el desenlace me decepcionó por simplón e inverosímil a partes iguales.

The Colony. Para los que que crecimos con una habitación llena de posters de Diana, la mala de V, la trama de la nueva serie del guapetón de Perdidos ya nos sonaba. En este caso a los alienigenas no se les ve el pelo y tampoco sabemos si son más de ratones o de hombres a la hora de picar algo entre comidas, pero sí que tienen el arma perfecta para dejarte KO en el sillón, el “aburrineitor”

Empire. Los que crecimos con V también lo hicimos con Falcon Crest y Dinastía (poco se podía hacer si la oferta era tirando a escasa en aquellos tiempos), y de vez en cuando un culebrón en condiciones nos alegra el espíritu, pero los sinsabores de ‘galletita’ Lyon y familia llegan más pronto que tarde a provocar empacho.

Borgen. Como no pasé del primer capítulo poco tengo que apuntar sobre esta serie, aunque con decir que no pasé del primer capítulo a lo mejor lo digo todo…

The night manager. Metan ustedes en una coctelera a actores de reconocido tirón, un best seller de los de espionaje de toda la vida y localizaciones al más puro estilo James Bond (Spain incluida) y ¿qué tenemos? Al parecer, según he leído posteriormente, un éxito de crítica y público que yo no llegó a entender. Todavía me pregunto como a un malo de esos que se las saben todas y que nunca se les escapa nada se la pudo colar el atribulado protagonista de la función.

Anatomía de Grey. Sí, lo confieso. Si no las trece temporadas, más de ocho o nueve me he visto, y será el desgaste lógico de tantísimos capítulos con múltiples intervenciones de los más variado y devaneos amorosos para todos los gustos, pero la duodécima me empezó a aburrir soberanamente y la decimotercera ya no hay por dónde cogerla. Eso sí, me sigue causando envidia y admiración, a partes iguales, el que todos los facultativos del Sloan-Grey Memorial tengan fuerzas, ganas y humor de hacer buen uso de la salita de descanso después de muchas horas de quirófano a sus espaldas.

– Jessica Jones. Que me esperen sentados los productores de Luke Cage si quieren que vea su serie después de hacer esfuerzos sobrehumanos para no tirar la toalla, por mucho que estuve a punto de hacerlo, y acabar la primera temporada de su predecesora. La actitud y diálogos de la prota me gustaron, el resto…

Alguna más me habré dejado en el tintero pero debían ser aún peores porque ni las recuerdo… de todo tiene que haber en la viña del seriefilo.