Pena, penita,pena…

Si ya lo decían, con toda la razón del mundo, Ramón y Manuel. El final del verano llegó y tú partirás.

A una gran mayoría no es que el amor de nuestra vida (hombre, mujer o viceversa) se haya ido a comprar tabaco y no le hayamos vuelto a ver más el pelo, pero sí que vamos a echar mucho de menos esas pequeñas alegrías de la vida que el periodo estival nos trae cada año.

Adiós a la playa, piscina o sucedáneo, bye, bye al chiringuito, terracita o buffet libre hotelero y au revoir al paseo, las siestas y las chanclas.

El trabajo y la vuelta al cole centrarán rápidamente las preocupaciones del día al día y cada vez recordaremos de manera más difusa los momentos vividos en lugares idílicos en buena compañía.

Aunque también podemos mirarlo por el lado positivo. De igual manera, dejamos atrás el sentimiento de frustración por no haber completado con éxito la “operación bikini”, las peleas a toallazo limpio por ubicar la sombrilla en el lugar deseado, o los “sablazos” por una ración de pescaito frito y paella con marisco.

Además, con esta suerte de cambio climático que nos ha tocado vivir, a buen seguro que el sol y el calor nos acompañará hasta que los anuncios de turrones nos confirmen la llegada de una nueva Navidad y para entonces ya habremos puesto todos la cabeza en el ‘Especial Nochebuena’ de Raphael.

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