Una simple palabra

Es una palabra, solo una, pero cuando aparece en la vida de un hombre o de una mujer pesa más que una losa. Si nos fijamos en lo que dice la RAE de ella deberíamos incluso desear que se mencione cuando alguien se refiere a nosotros pero la verdad es que no nos hace ni pizquita de gracia.

La primera vez que uno la escucha lo primero que piensa es que no va con él la cosa o, simplemente, que ha sido un malentendido provocado por la falta de atención de la persona que la pronuncia.

“No puede ser”, pensamos, y nos autoconvencemos de que no volveremos a escucharla en mucho tiempo. Craso error el nuestro porque después de esa primera vez, hay una segunda, una tercera… y las que quedan.

Lo queramos o no, as time goes by, como decía aquella famosa canción de la película “Casablanca”, y aunque por dentro nos sigamos sintiendo en el mejor de los casos como unos jovenzuelos, por fuera la cosa cambia.

Y son precisamente los jovenzuelos los que ponen a cada cual en su sitio con solo referirse a nosotros con esa palabra.

Señor/a, ¿me puede decir donde…?

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