659

Ecuador fue sacudido por un devastador terremoto hace unos días. Con él, 659 personas perdieron su vida y miles resultaron heridas.

Como todas, cifras frías y sin alma que oímos machaconamente durante algunos días en radios y televisiones, y luego olvidamos para preocuparnos por la “normalidad” de nuestros problemas del día a día.

Ancianos y niños llorando, madres sin hijos, casas destruidas y pueblos olvidados. Instantáneas “fugaces” que no suelen almacenarse en el disco duro de nuestros pensamientos.

Las imágenes de Ecuador me traen a la memoria las de otras tragedias pasadas. Algunas motivadas por la ira de la naturaleza y otras por la de las personas.

Seres, los humanos, supuestamente lógicos y  racionales, que, en ocasiones, parecemos mucho más interesados en derribar la casa que nos da calor y protección a todos, sin pensar que otras generaciones tendrán también que tener un lugar donde cobijarse .

Después de la tragedia volvemos a escuchar palabras como esperanza, reconstrucción o renacimiento de un país, pero también otras como retrasos, incapacidad, desconfianza… la cara y la cruz de una moneda tirada al aire que no ha llegado aún a ninguna mano protectora.

El seísmo de Ecuador me ha recordado que la vida es ayer y hoy, pero no sabemos si mañana. Una verdad que debería servirnos a todos para construir, en lugar de destruir, sumar y no restar y, en definitiva…respetar lo que nos une y querer lo que nos hace mejores.

 

 

Muy de Einstein

Se veía venir. No porque no lo hayan intentado, que nos dicen que sí; no porque no lo hayan querido, que nos dicen que sí, y no porque no les haya interesado, que parece ser que también, pero ya es seguro que volveremos a tener que acudir a los colegios electorales a finales del próximo mes de junio.
Y se veía venir porque en este país podremos presumir de muchas cosas pero de eso que los leídos denominan “cultura del acuerdo” tenemos más bien poco. En el país del toro de Osborne en las carreteras, difícil, pero que muy difícil, resulta que dos se pongan de acuerdo, pero tres, cuatro… eso es, simple y llanamente, una locura.
Díganme sino, por 25 pesetas la respuesta correcta, nombres de familias de más de tres hermanos que, al menos, dos de ellos no estén a la gresca; reuniones de comunidades de vecinos donde no se líe parda a cuenta del número adecuado de macetas para adornar el portal, o nombres de compañeros de trabajo que no despotriquen contra el que ese día se ha perdido la hora del café.
Y es que en el país donde se cuentan por millones los fieles seguidores del Sálvame de Luxe o los GH VIP lo que nos va es la bronca, la trifulca, y el ‘tú tonto, pues tú más’, y eso no hay quien lo cambie.
Nosotros somos así, punto, y aunque los señores con traje y corbata (ahora también con coleta) que vemos todos los días en televisión parezcan otra cosa, no nos engañemos, nosotros somos muy de Albert Einstein. Aunque solo sea por aquello que decía de que “una velada en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida”. Pues eso.

Aedes Aegypti

Aedes, de apellido Aegypti. Así se llama el mosquito transmisor del nuevo virus que está causando verdadera conmoción en gran parte de América. No es para menos, el virus en cuestión, conocido como Zika, es el casi seguro causante de una malformación cerebral en bebés que ya ha afectado a miles de mujeres embarazadas.

Lamentablemente, cuando parece que hemos superado una crisis sanitaria aparece otra nueva que vuelve a poner en jaque a toda la comunidad internacional en el ámbito de la salud. Hace escasas semanas conocíamos que el último brote del ébola estaba prácticamente erradicado en África y ahora vemos en las noticias los efectos de este nuevo virus.

Lo cierto y verdad es que por mucho que la humanidad avance en la prevención, control y, en algunos casos, erradicación de enfermedades, da la impresión que los virus siempre van por delante, afectando principalmente a aquellas zonas del planeta más pobres y, como consecuencia, con sistemas sanitarios más débiles y deficitarios.

En situaciones de crisis siempre oímos muchas voces que insisten en la importancia de invertir en los servicios sanitarios de todas estas zonas del mundo (más formación, más recursos, más profesionales…) y diferentes organismos internacionales y gobiernos de todo tipo se comprometen a hacer un mayor esfuerzo en este sentido.

Palabras que no siempre se traducen en hechos volviendo a dejar a numerosas poblaciones en una situación de clara indefensión ante este tipo de pandemias. Mucho me temo que la historia se repetirá con el virus Zika y con el siguiente y posterior… y es que el hombre, además de ser el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, parece ser el único que no sabe o no quiere aprender de los errores pasados.

 

Larga vida a los Underwood

Lo confieso. Soy seriéfilo. Alguna filia tiene que tener uno en esta vida y la mía son las series de tv. Fundamentalmente las de EE.UU., aunque alguna de la BBC y española cae de vez en cuando.

Mi primer post lo dedico a una de mis series favoritas. Acabo de terminar de ver su última temporada y, como siempre, me he quedado con ganas de volver a ver muy pronto a uno de los matrimonios más maquiavélicos de la pequeña pantalla. Me refiero, como no, a los Underwood.

Si bien es cierto desde hace un tiempo aquello de que ‘cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia’, las tramas cada vez más enrevesadas de Mr. president y, ahora, Mrs. vicepresident enganchan desde el principio al fin.

La cuarta temporada me ha gustado especialmente por sus continuas referencias al pasado de los protagonistas,  y las consiguientes apariciones “estelares” de personajes, tanto vivos como muertos, que ya habíamos dado por desaparecidos.

También mejora el ritmo y los “golpes de efecto” con respecto a su tercera temporada, e incorpora a un nuevo rival en su continua ‘carrera de fondo’ por el poder que no tiene desperdicio.

Aunque siempre da la impresión de que esta vez sí, que esta vez les han “tocado y hundido”, la escena final, impagable, muestra bien a las claras que a los Underwood les queda cuerda para rato. Bien por ellos… y por sus millones de seguidores.

house

 

Ataulfo, Tederico, Eurico…

No hace mucho tiempo, en los colegios de nuestro país, los alumnos más aplicados eran los que se conocían “al dedilo” la lista de los reyes godos o decían de corrillo la tabla de multiplicar del nueve sin pestañear.

Ahora no. Ahora, los chavales más listos son los que se saben de memoria los nombres de las operaciones anticorrupción de los últimos tres meses o los de las tramas de financiación ilegal y aprovechamiento personal de políticos y funcionarios de todo tipo y condición.

Púnica, Gürtel, Bárcenas, Urdangarín, Barberá, Pujoles varios… nombres y más nombres que cada día nos asaltan en nuestros hogares desde las televisiones y radios con historias a cual más truculenta y enrevesada.

Personas y personajes que darían de sobra para hacer un gran parque temático que supusiera un nuevo foco de atracción turística para un país que, en gran parte, vive de la llegada masiva de extranjeros de distintas nacionalidades a los que les sigue encantando el  sol, la playa y nuestra alegría de vivir.

Alegría, alegría, la de todos los que cobraban en b por aquí, recalificaban al gusto del promotor amigo por allá, llevaban sus dineros a sociedades “offshore” en paraísos fiscales… Un por allí, por acá constante del que nos vamos enterando por capítulos, como si de un culebrón venezolano se tratase.

Y es que es mejor a todas luces que, como las capsulas de Nespresso de George Clooney, nos vayan dosificando los sustos, para que el cuerpo se nos acostumbre al frenesí y desenfreno de los amigos del dinero fácil y no se nos vaya a pasar por la cabeza pedir explicaciones o las responsabilidades correspondientes.   Visto como está el patio, yo me quedo con los reyes godos, Ataulfo, Tederico, Eurico, Alarico…

Soy yo

Aviso a posibles lectores, si los hay. Este blog nace sin vocación clara ni objetivo concreto. Mi idea es escribir de lo que, en cada momento, me motive para sentarme un rato delante del ordenador. Cine, series, actualidad política, social…De todo un poco y de nada en concreto. Eso sí, sólo hago una promesa: post cortos y al grano, que no estamos nadie para perder mucho tiempo. Comenzamos.